Actualización en el manejo farmacológico de la dislipidemia

La dislipidemia sigue siendo uno de los principales factores modificables en la prevención de enfermedad cardiovascular ateroesclerótica (ASCVD, por sus siglas en inglés), que permanece como la principal causa de mortalidad a nivel global. Ante este panorama, la American Association of Clinical Endocrinology (AACE) publicó en 2025 una nueva guía clínica con recomendaciones específicas sobre farmacoterapia no basada en estatinas para adultos con dislipidemia.
El documento enfatiza que, si bien los cambios en el estilo de vida y el uso de estatinas siguen siendo pilares fundamentales, existe evidencia robusta que respalda el uso de nuevos agentes como los inhibidores de PCSK9 (evolocumab, alirocumab), el ácido bempedoico y el icosapento etilo (EPA) en pacientes seleccionados.
Puntos clave para la práctica clínica:
- Evaluación de riesgo cardiovascular: AACE recomienda utilizar una herramienta validada para estimar el riesgo a 10 años de ASCVD en todos los adultos con dislipidemia. Herramientas como el Pooled Cohort Equations o el modelo PREVENT deben integrarse como parte del proceso de toma de decisiones compartidas.
- Uso de inhibidores de PCSK9: Se sugiere su uso en pacientes con ASCVD o riesgo elevado que no alcanzan un LDL-C <70 mg/dL a pesar de estatinas a dosis máxima tolerada. No se recomienda su uso en prevención primaria en personas sin riesgo elevado.
- Ácido bempedoico: Es una alternativa en pacientes intolerantes a estatinas con ASCVD o riesgo elevado. Su uso debe individualizarse debido a posibles efectos adversos como gota o colelitiasis.
- Hipertrigliceridemia: En personas con TG entre 150-499 mg/dL y riesgo elevado de ASCVD, se sugiere considerar EPA en monoterapia. Se desaconseja el uso combinado de EPA + DHA y se contraindica el uso de niacina por falta de beneficio y riesgo de eventos adversos.
- Meta terapéutica: Se sugiere tratar a una meta de LDL-C <70 mg/dL en pacientes con ASCVD o riesgo elevado. Esta recomendación es condicional y debe individualizarse con base en preferencias del paciente y recursos disponibles.
¿Qué implica esto para tu consulta diaria?
Estas recomendaciones refuerzan la importancia de un abordaje centrado en el riesgo cardiovascular total, más allá de las metas lipídicas aisladas. Las decisiones sobre añadir nuevos tratamientos deben ser personalizadas, con énfasis en los beneficios clínicos demostrados (infarto, EVC, revascularización), más que solo en la reducción de colesterol.
Además, la guía reconoce que factores como el costo, el acceso y la equidad deben considerarse, particularmente en poblaciones con menor acceso a terapias avanzadas.
Conclusión:
Este nuevo consenso de AACE marca un paso adelante en la precisión del tratamiento de la dislipidemia. Como médicos generales, tenemos un rol crucial en la detección, evaluación de riesgo y selección adecuada de terapias, en colaboración estrecha con el paciente.
Fuente: Patel, S. B., Wyne, K. L., Afreen, S., Belalcazar, L. M., Bird, M. D., Coles, S., Marrs, J. C., Peng, C. C.-H., Pulipati, V. P., Sultan, S., Zilbermint, M., & Sultan, S. (2025). American Association of Clinical Endocrinology Clinical Practice Guideline on Pharmacologic Management of Adults With Dyslipidemia. Endocrine Practice, 31(2), 236–262.